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Oda I, XI – Quinto Horacio Flaco

Para estudiar a fondo el Carpe Diem qué mejor que recurrir a la fuente: Me propuse traducir la Oda I, XI de Horacio, que al fin y al cabo es la originadora de todo el tópico. Encontré algunas traducciones famosas de este famoso poema. La de Bekes me resultó demasiado solemne y, quizá, arcaica. La de Zaidenwerg lleva un lenguaje más moderno y voceo. Decidí entonces pararme en el medio de ambas tendencias para hacer la mía. Ni muy moderno ni muy arcaico. Aquí les dejo todas las versiones para el que le interese (y sepan perdonar —los verdaderos traductores— ésta, mi primera traducción del latín):

 

Oda I, XI (Quinto Horacio Flaco)

Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris números. Vt melius, quidquid erit, pati!
seu pluris hiemes, seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum: sapias, uina liques et spatio breui
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit inuida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.

Quinto Horacio Flaco (Lucania, 68 a. C – Roma 8 a. C).

 

Oda I, XI (Quinto Horacio Flaco)

Tú no indagues, vedado está saberlo, qué fin a mí o a ti,
Leucónoe, los dioses quieran darnos, ni sondees los números
babilonios. ¡Vale más aceptar aquello que ha de ser!
Ya sean muchos inviernos los que Júpiter nos conceda, o el último
éste que vemos contra opuestas roas quebrantar el oleaje
tirreno, sé sensata, filtra el vino y a un breve espacio ajusta
esa larga esperanza. En tanto hablamos, habrá huido envidiosa
la edad: cosecha el día y no confíes mucho en lo que vendrá.

Trad. de Alejandro Bekes (Concordia, 1959)

 

Oda I, XI (Quinto Horacio Flaco)

No preguntes, Leucónoe, pues saberlo no es lícito,
qué fin a vos o a mí nos han dado los dioses,
ni intentes consultar cálculos babilonios.
¡Cuánto mejor será soportar lo que venga!
Ya Júpiter te otorgue numerosos inviernos
o solamente el último, que ahora debilita
al mar Tirreno contra las rocas de la costa,
sé prudente, los vinos filtrá, y porque es breve
el plazo no te hagas esperanzas muy largas.
Huirá, mientras hablamos, envidiosa, la vida:
cortá la flor del día sin creer en el mañana.

Trad. de Ezequiel Zaidenwerg (Buenos Aires, 1981).

 

Oda I, XI (Quinto Horacio Flaco)

No preguntes (imposible es saber) qué fin los dioses
nos han dado a vos y a mí, Leucónoe, no consultes
horóscopos babilonios. ¡Cuánto mejor es aceptar
lo que tenga que ser! Así Júpiter nos dé muchos inviernos,
o sea este el último cuyas olas desgastan las salientes
rocosas del Tirreno: sé sabia, filtra el vino en tiempo breve
no tengas ilusiones lejanas. Mientras hablamos, envidioso
huye el ahora: disfruta este día, no confíes en que habrá otro.

Trad. Julio Sandoval Berti (Ciudad de Buenos Aires, 1971).

 

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